Singapur es una ciudad-estado del tamaño de una isla pequeña que funciona con una precisión casi perfecta: calles impecables, transporte puntual, rascacielos de arquitectura atrevida y, al mismo tiempo, tanta vegetación que presume de ser una ciudad jardín.
Fundada como puesto comercial británico en 1819 por Stamford Raffles, creció como puerto estratégico entre el océano Índico y el mar de China. Se independizó en 1965 y en pocas décadas pasó de ser un puerto sin recursos a una de las economías más prósperas del mundo.
Su identidad es una mezcla de culturas china, malaya, india y occidental, con cuatro idiomas oficiales. Esa diversidad se vive en sus barrios: Chinatown con templos y tiendas tradicionales, Little India con olor a especias y guirnaldas de flores, y Kampong Glam en torno a la gran mezquita del Sultán.
La Singapur contemporánea se concentra en Marina Bay, con el hotel Marina Bay Sands y los Gardens by the Bay, cuyos superárboles metálicos se iluminan cada noche. Muy cerca, el distrito colonial conserva edificios blancos, museos y el legendario hotel Raffles, cuna del cóctel Singapore Sling.
Pero lo que más enamora a los viajeros es la comida. Los hawker centres, grandes patios con decenas de puestos, sirven platos excelentes a precios muy bajos. Su cultura gastronómica es tan importante que fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO.