Plaza Jemaa el-Fna
Medina
El corazón de la ciudad, con puestos de comida, músicos y cuentacuentos al anochecer.
N.º63 de las más visitadas
Marrakech es una explosión para los sentidos: el color ocre de sus murallas, el laberinto de zocos de la medina, el olor a especias y el humo de los puestos de la plaza Jemaa el-Fna al anochecer, con las montañas nevadas del Atlas al fondo.
Fundada en el siglo XI por los almorávides, fue capital de varias dinastías y dio nombre al país. Su medina, Patrimonio de la Humanidad, está rodeada de kilómetros de murallas y llena de palacios, mezquitas, madrasas y riads, casas tradicionales con patio interior.
Fuera de la medina, el Jardín Majorelle, restaurado por Yves Saint Laurent, y el barrio moderno de Gueliz muestran otra cara de la ciudad. Y en pocas horas se llega al Atlas, al valle de Ourika o al desierto de Agafay.
La primavera y el otoño son ideales. En verano el calor es muy intenso y en invierno las noches son frías.
Medina
El corazón de la ciudad, con puestos de comida, músicos y cuentacuentos al anochecer.
Medina
Laberinto de gremios: especias, cuero, metal, alfombras.
Medina
Minarete almohade del siglo XII, símbolo de la ciudad (solo musulmanes pueden entrar).
Gueliz
Jardín azul con cactus y el museo bereber.
Mellah
Palacio del siglo XIX con patios y techos decorados.
Medina
Antigua escuela coránica con estucos y azulejos espectaculares.
Kasbah
Mausoleos decorados del siglo XVI.
Kasbah
Ruinas monumentales de un palacio del siglo XVI.
Gueliz
Museo dedicado al diseñador.
Excursión
Pueblos bereberes y el valle de Ourika.
Excursión
Desierto de piedra con cenas bajo las estrellas.
Guiso cocinado lentamente en recipiente de barro.
Carne cocinada en un ánfora en las brasas de los hammam, típica de Marrakech.
Tradicional los viernes.
Sopa de tomate, lentejas y garbanzos.
Hojaldre dulce y salado relleno de pollo o pichón.
Servido desde lo alto en vasos pequeños.