Torre de Belém
Belém
Torre manuelina en la orilla del Tajo, símbolo de la era de los descubrimientos.
N.º41 de las más visitadas
Lisboa es una ciudad de colinas, luz dorada y tranvías amarillos que chirrían por cuestas imposibles. Sus miradores sobre el río Tajo, sus fachadas de azulejos y la melancolía del fado le dan un encanto que engancha desde el primer día.
Fue el punto de partida de los grandes navegantes portugueses, como Vasco da Gama, y en los siglos XV y XVI una de las ciudades más ricas del mundo. En 1755 un terremoto, un tsunami y un incendio la destruyeron casi por completo, y el marqués de Pombal reconstruyó la Baixa con un trazado moderno y ordenado.
Cada barrio tiene su personalidad: la Alfama, laberinto medieval que sobrevivió al terremoto; la Baixa y el Chiado, elegantes y comerciales; el Bairro Alto, con su vida nocturna; y Belém, con los monumentos de la época de los descubrimientos y los famosos pastéis.
A menos de una hora esperan Sintra, con palacios de cuento entre bosques, y las playas de Cascais y la Costa da Caparica. Lisboa es además una ciudad asequible para comer bien, con tascas donde el bacalao y las sardinas son protagonistas.
Belém
Torre manuelina en la orilla del Tajo, símbolo de la era de los descubrimientos.
Belém
Obra maestra del estilo manuelino con un claustro espectacular y la tumba de Vasco da Gama.
Alfama
El barrio más antiguo, de callejuelas, escaleras, ropa tendida y casas de fado.
Alfama
Fortaleza en lo alto de la colina con las mejores vistas de la ciudad.
Baixa
Gran plaza abierta al río, con el arco de la Rua Augusta.
Baixa
El centro pombalino, con calles comerciales en cuadrícula.
Chiado
Cafés históricos como A Brasileira, librerías y bares por la noche.
Baixa
Ascensor neogótico de hierro con mirador.
Varias colinas
Santa Luzia, Portas do Sol, Senhora do Monte o São Pedro de Alcântara: vistas de postal.
Alcântara
Antigua fábrica convertida en espacio de tiendas, librerías y restaurantes.
Parque das Nações
Uno de los mayores acuarios de Europa.
Excursión
Palacio da Pena, Quinta da Regaleira y el castillo de los Moros entre bosques.
Tartaleta de hojaldre con crema; en Belém se llaman pastéis de Belém.
Bacalao desmigado con patata paja, huevo y aceitunas.
El plato de las fiestas de junio.
Bocadillo de cerdo marinado en ajo y vino.
Almejas con ajo, cilantro y limón.
Licor de guindas que se toma en pequeños bares del Rossio.